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21
Ene, 2010

Evolucion del amianto

El amianto se conoce desde hace más de dos mil años, se ha descrito infinidad de tratados, cartas y otras diversas publicaciones de las aplicaciones del  amianto, la Royal Society de Londres y la comunidad científica internacional estaba fascinada con las aplicaciones de este mineral mágico, incombustible, se confeccionaba, todo tipo de prendas de vestir incombustibles hilando las fibras de amianto como si fueran lana. El amianto es un mineral que durante décadas se utilizó profusamente como material de construcción y como aislante, dada su excepcional resistencia al calor. Estas  propiedades físico-químicas y los bajos costes de producción han hecho de este mineral la panacea de los materiales. Este mineral se extrae en minas a cielo abierto, se machaca y se criba mecánicamente, Las principales canteras se encuentran en  América, Canadá, China y la Antigua URSS.

La innovación técnica llegó cuando se empezó a combinar el amianto con otros materiales como el  caucho, de modo que se obtenía un material más flexible, ideal para juntas y piezas internas de la máquina de vapor, pues el amianto puro resultaba demasiado áspero y abrasivo. Se extendió en recubrimientos de tuberías en centrales térmicas, posteriormente su uso se amplió a todo tipo de productos de la construcción, barcos, botones, teléfonos, cuadros eléctricos y, en definitiva toda la industria del plástico, que vio en las fibras de amianto el aliado perfecto para reducir su peso y mejorar su resistencia térmica.

Además se manufacturaron productos como  suelos vinílicos paneles de cartón y madera, recubrimientos de tuberías, conducciones de agua, aunque la forma más extendida es en cubiertas onduladas de amianto-cemento, comúnmente conocidas como “cubiertas de uralitaâ€. Estas cubiertas solo son peligrosas si están deterioradas y rotas liberando fibras al ambiente, existiendo  un daño probado a la salud de los trabajadores.

En España se ha importado desde 1906 hasta el año 1992 más de 600.000 toneladas de amianto como materia prima y se han fabricado y colocado aproximadamente 4.220.000 toneladas de productos manufacturados.
En España está prohibida la fabricación de materiales con amianto desde el año 1992 y  su comercialización y uso desde el año 2002.

El  polvo que desprende este mineral está cargado de fibras microscópicas que, si son inhaladas, pueden provocar gravísimas enfermedades pulmonares: engrosamientos, calcificaciones, placas pleurales, fibrosis pleural, mesotelioma y cáncer de pulmón. La toxicidad de las fibras depende de la duración y de la intensidad de la exposición, con el problema añadido de existir un tiempo de latencia entre la exposición y la aparición de la patología  entre cinco y  treinta años, por este motivo pasaron décadas antes de que se prohibiese afectando a miles de trabajadores de diferentes sectores productivos.

Según los datos estimativos facilitados por las distintas organizaciones territoriales de CCOO en España hay aproximadamente 60.000 afectados por el amianto.

A pesar de todos estos estremecedores datos, sabiendo que la única actividad relacionada con el amianto hoy día es su retirada, a pesar también del marco legislativo tanto a nivel Europeo en su Directiva Europea2003/18/CE como a nivel Nacional con su transposición a nuestro marco legal con el  REAL DECRETO 396/2006, de 31 de marzo y la Guía Técnica,  por el que se establecen las disposiciones mínimas de seguridad y salud aplicables a los trabajos con riesgo de exposición al amianto, todavía nos encontramos empresarios sin escrúpulos que exponen a sus trabajadores al amianto con un elevado riesgo sin dotarlos de las medidas de protección necesarias para este tipo de trabajos.
La Inspección de Trabajo y los Institutos de Seguridad e Higiene de las Comunidades Autónomas, pusieron en marcha una campaña de inspección y control de las empresas incluidas en el RERA (Registro de Empresas con Riesgo de Amianto) con el objetivo de garantizar que los  trabajadores expuestos a fibras de amianto  tengan la formación e  información sobre los riesgos que les afectan y puedan evitarlos con equipos de protección individual y con las oportunas instalaciones higiénico sanitarias de descontaminación del personal, además, en el Sector de la Construcción, desde agosto del 2008, el R.D. 1109/07, por el que se desarrolla la ley 32/06, reguladora de la subcontratación en este sector hace  obligatorio la inscripción en otro registro el REA (Registro de Empresas Acreditadas), donde se debe demostrar que se dispone de infraestructura y medios adecuados para ejercer la actividad, y también que el personal cuenta con la formación necesaria en materia de prevención de riesgos laborales y una organización preventiva adecuada.

Además de estos registros de control, es necesario implementar  medidas  para profesionalizar el sector actual del amianto, obligando a las compañías a disponer seguros de responsabilidad civil que cubran tanto los riesgos inherentes a la actividad de demolición y rehabilitación como los riesgos de posibles contaminaciones cruzadas por la mala manipulación del material, además de disponer de sistemas integrados de gestión de la calidad, el medioambiente y la prevención para comprobar la bondad y la correcta ejecución de los proyectos con sostenibilidad y  planificación de la acción preventiva, contratando personal especializado, bien formado y cualificado: todos los trabajadores expuestos deben disponer al menos de cursos básicos de prevención de 60 horas y cursos específicos de trabajos con amianto con una duración no inferior a 20 horas y, por supuesto, fomentar la prevención en todos los niveles jerárquicos de la empresa mediante la Responsabilidad Corporativa.

No podemos ni debemos olvidar que el empresario que invierte en seguridad, sólo será menos competitivo en precio por todos estos costes, pero a cambio cuando se trabaja con seguridad y calidad se obtiene un producto altamente competitivo y de gran valor comercial, porque si se invierte en prevención se evitan muchas circunstancias graves que pueden representar para el empresario y el trabajador un coste personal, social, medioambiental y económico difícilmente asumible.

Por todo ello, los agentes políticos, sociales y empresariales tenemos una enorme responsabilidad en la consecución de todos estos objetivos que garanticen los principios básicos como son el derecho a la vida, a la protección de los trabajadores y del entorno.



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